Alerta Niño: preparar el suelo para aprovechar el agua

La estructura del suelo define cuánta lluvia se infiltra, se almacena y drena. Qué dice el INTA sobre calidad física y qué muestran los ensayos con MAXAN frente a una campaña con excesos hídricos.

SueloEquipo MAXAN6 min de lectura
Lote de soja con una tormenta descargando sobre el horizonte.
Lote de soja con una tormenta descargando sobre el horizonte.

La campaña gruesa 2026/27 plantea un desafío que comienza antes de la siembra: preparar los suelos para aprovechar las lluvias y reducir los daños cuando el agua resulta excesiva. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó en septiembre que hay una probabilidad cercana al 100% de que El Niño continúe hasta febrero de 2027, aunque aclaró que su intensidad no determina por sí sola la magnitud de los impactos regionales.

En Argentina, El Niño suele favorecer lluvias superiores a las habituales en parte del centro y este del país, especialmente en primavera. Esa señal debe interpretarse junto con los pronósticos locales, el estado de las napas y la humedad del perfil. Desde el INTA destacan que, ante este escenario, "la estrategia pasa por anticipar las decisiones y ajustar el manejo en función de la condición hídrica del suelo, las características del lote y la fecha de siembra".

Para maíz y soja, disponer de agua ofrece oportunidades productivas. Pero aprovecharlas exige un suelo capaz de recibirla y conducirla.

Cuando el exceso de agua limita al cultivo

La saturación prolongada ocupa con agua los espacios que normalmente están disponibles para el aire. Al disminuir el oxígeno, se restringe la respiración de las raíces, se reduce la absorción de nutrientes y se compromete el crecimiento. En soja también puede afectarse la fijación biológica de nitrógeno; en maíz, las pérdidas de nitratos por desnitrificación o lixiviación pueden agravar las limitaciones nutricionales.

Además, los ambientes saturados favorecen enfermedades de implantación. La magnitud del daño depende del cultivo, su estado de desarrollo, la temperatura y la duración del anegamiento. Por eso, una lluvia abundante puede recargar reservas o convertirse en un problema, según las condiciones del lote.

Lo que el INTA aporta sobre estructura y calidad física del suelo

Las investigaciones del INTA ofrecen un marco de referencia fundamental para entender por qué la estructura del suelo es determinante en campañas con excesos hídricos.

La estructura laminar: una limitante que pasa desapercibida.

Especialistas del INTA advierten que en sistemas bajo siembra directa aparece con frecuencia una estructura laminar en los primeros centímetros del perfil, generalmente entre 2 y 12 cm de profundidad, caracterizada por agregados dispuestos en capas horizontales y planos que modifican la continuidad de los poros. Carolina Sasal, especialista en recursos naturales y gestión ambiental del INTA, explica que "este tipo de arreglo constituye una limitante crítica, ya que afecta la porosidad funcional, la infiltración y el crecimiento radicular".

La particularidad de este fenómeno es que no siempre se refleja en los indicadores físicos convencionales. Puede estar presente aun cuando los valores de densidad aparente no evidencien problemas significativos. De hecho, un análisis tradicional puede indicar que el suelo no presenta compactación severa mientras, desde el punto de vista funcional, existe una restricción importante.

Estudios de campo de cinco años mostraron que la proporción de estructura laminar en el horizonte superficial pasó de no estar presente al inicio del estudio a ocupar cerca del 50% de la superficie del perfil.

La necesidad de diagnósticos integrales.

Sasal insiste en que la evaluación del estado físico del suelo no puede apoyarse en un único parámetro: "La combinación de mediciones cuantitativas con herramientas visuales e integradoras resulta la estrategia más completa para diagnosticar limitantes al crecimiento radicular y al movimiento de agua y aire". Entre los indicadores físicos más utilizados se encuentran la densidad aparente, la resistencia mecánica a la penetración, la estabilidad de agregados, la retención hídrica y la tasa de infiltración, pero cada uno presenta limitaciones relacionadas con la escala de análisis y el momento de medición.

Medición de resistencia a la penetración a campo.

Emiliano Bressan, investigador del Instituto de Suelos, advierte que "la evaluación únicamente de las características químicas del suelo puede resultar en una considerable pérdida económica al no tener en cuenta los factores físicos que puedan estar afectando el correcto aprovechamiento nutricional por parte del cultivo".

Tamaño y continuidad de los poros: claves para aprovechar el agua

El aprovechamiento de las lluvias depende del tamaño, la distribución y la conexión de los poros del suelo. Los macroporos conectados facilitan la infiltración, la circulación de excedentes y la recuperación de la aireación después del drenaje. Los poros intermedios almacenan humedad que las raíces pueden aprovechar entre lluvias, mientras que los extremadamente pequeños retienen parte del agua con demasiada fuerza para su extracción. Una buena condición física requiere equilibrar ambas funciones: conducir el excedente y conservar agua útil.

La micromorfometría permite analizar mediante imágenes el tamaño, la forma y la distribución de estos espacios. Su interpretación ayuda a comprender por qué dos suelos con porosidad total similar pueden comportarse de manera diferente: los poros aislados, los estrechamientos o las capas laminares pueden restringir el movimiento del agua, aun cuando exista espacio para almacenarla.

En este sentido, un informe micromorfométrico demostró como la aplicación de MAXAN incrementó la macroporosidad (poros mayores de 50 micrómetros) que pasó del 15,6 % al 29,1 % del área analizada, un incremento cercano al 87 %. Este resultado indica una apertura importante de la matriz del suelo, con una proporción de macroporos casi dos veces mayor. El estudio también informa aumentos del 27 % al 34 % en los poros de transmisión de 50 a 500 micrómetros para el tratamiento de 25 L/ha respecto de sus controles. Por otro lado, describe una mayor presencia de formas irregulares y elongadas, compatibles con una organización favorable para la conducción del agua y la exploración radicular. Estos cambios aportan evidencia sobre la acción de MAXAN en la estructura porosa del suelo y complementan las mejoras en estabilidad de agregados y agua disponible observadas en los otros ensayos.

Micromorfometría: la macroporosidad pasó de 15,6 % a 29,1 % del área analizada.

Agronómicamente, el beneficio buscado es combinar una red de poros que facilite el ingreso y drenaje del agua con espacios que mantengan humedad aprovechable. Los poros de transmisión contribuyen principalmente a la circulación; la reserva de agua útil depende también de las fracciones más finas del sistema poroso. Integrado con cobertura, rotaciones y raíces activas, MAXAN puede contribuir a ese equilibrio físico, con una respuesta que debe evaluarse según las condiciones de cada lote.

Agregados, raíces y actividad biológica en los primeros centímetros del perfil.

Estructura física, química y biología: un trabajo en conjunto

La estabilidad estructural expresa la capacidad de los agregados para conservar su organización frente a fuerzas que los desarman. Cuando se desintegran durante una lluvia, las partículas liberadas pueden obstruir poros y sellar la superficie. Al secarse, ese sellado puede formar una costra que dificulta nuevas entradas de agua y la emergencia.

La materia orgánica, las raíces y los microorganismos participan en la formación y estabilización de esos agregados. A su vez, la condición química influye en su comportamiento: un exceso de sodio intercambiable puede favorecer la dispersión y deteriorar el funcionamiento poroso. De allí la necesidad de evaluar conjuntamente estructura, nutrición, salinidad, sodicidad y actividad biológica.

La condición física del suelo está íntimamente relacionada con la química y la biológica, y las tres son dependientes unas de otras.

Qué muestran los ensayos con MAXAN

Un estudio de FAUBA publicado en Ciencias Agronómicas evaluó un suelo franco-limoso durante tres meses, en 24 macetas, con y sin raigrás, comparando un testigo y dosis de 25, 100 y 300 L/ha.

Los resultados registraron un aumento promedio del 17,3% en estabilidad de agregados y mayor capacidad de agua disponible. La densidad aparente disminuyó 3,9%, con significancia al 10%. La respuesta estructural más favorable correspondió a 100 L/ha. Estos resultados respaldan el potencial para conservar la estructura y reducir procesos asociados al taponamiento de poros y al encostramiento.

El informe de Agromayor, medido el 1 de julio de 2026, registró una resistencia a la penetración promedio entre 0 y 60 cm, un 29% menor con 40 L/ha y un 20% menor con 80 L/ha, respecto del testigo. En la capa de 20 a 40 cm, los valores descendieron desde 3.091 hasta aproximadamente 2.160 kPa con ambas dosis. La menor resistencia es favorable para la exploración radicular, aunque debe interpretarse considerando la humedad al medir y la variabilidad del lote; no equivale a una medición de infiltración.

Ante El Niño, mejorar la estructura es una decisión productiva y de conservación. Las investigaciones del INTA ofrecen un marco de diagnóstico sólido para identificar limitantes que muchas veces pasan desapercibidas. MAXAN aporta resultados promisorios para trabajar sobre esa condición, dentro de un manejo que busque captar lluvia, almacenar agua útil y evacuar excedentes. La meta es reducir pérdidas y sostener el crecimiento del cultivo, con decisiones ajustadas a cada suelo.

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